Terminar el secundario es el paso hacía un futuro, ese futuro nos brinda la posibilidad de estudiar en la universidad, de comenzar un recorrido laboral y de comenzar un crecimiento individual como personas pero no todos damos ese paso en el momento adecuado.
La edad promedio para la finalización de los estudios secundarios suele ser entre los 18 y los 22 años de acuerdo a si algunos estudiantes repitieron algún año o adeudaron materias previas que más tarde dieron ¿Pero qué pasa cuando pasamos esa edad y no lo finalizamos por diferentes circunstancias? Desde tener que trabajar desde la adolescencia por problemas económicos hasta la comodidad son grandes factores que hacen que muchas personas concluyan con esta etapa pendiente en la adultez.
Saldar esa deuda con uno mismo
Estoy terminando mí primer año de la carrera de Periodismo pero también y hasta el año pasado pertenecí a ese grupo de personas que terminaron el secundario de adultas. Precisamente a los 32 años.
Cuando tenía 16 años y estaba en cuarto mis papás se separaron y yo dejé el secundario que cursaba en un colegio de Villa Urquiza, el cual me hizo conocer mi pasión y actual vocación porque tenía una orientación en Comunicación Social. Pasó un año y cuando los 17 llegaron, mi mamá que me daba todas las comodidades del mundo y más me dijo: “No podés estar sin hacer nada, o estudias o trabajás”. Así que me presenté al Mac Donal´s que estaba más cerca de casa, en el Paseo Alcorta y empecé mi primer trabajo.
En seis meses recorrí todas las áreas del programa laboral y llegué a la de Marketing donde animé fiestas infantiles pero sentí que ya había cumplido un ciclo y empecé a buscar otros trabajos mejores. Alterné puestos en varios call centers hasta que a los 21 una amiga de mi mamá me dijo de trabajar como administrativa en la inmobiliaria de ella. Después de un año y medio ya estaba trabajando como vendedora y ganando bastante plata para mi edad. Estaba muy cómoda ya que tenía vivienda cubierta y con lo que aportaba en casa me sobraba mucho para darme todos los gustos a los que estaba acostumbrada. Cada tanto estaba esa picazón, ese llamado interno de dar 4to y 5to y estudiar lo que amaba pero cuando ponía en la balanza la comodidad económica el peso tiraba más para ese lado.
Tuve la suerte de tener una buena infancia, de vivir muy bien y de que gracias mis padres pude acceder a una excelente educación. De chica me inculcaron el hermoso hábito de la lectura, el que mantuve siempre. Pude acceder a un buen inglés y conocimientos sólidos de computación y cuando me presentaba o postulaba para algún puesto de un buen trabajo nadie sospechaba que no había finalizado mis estudios secundarios y seguí con bueno sueldos que me permitieron forjarme mi propia independencia. Pero la voz interna gritó fuerte al cumplir los 31 y releer “Relato de un naufrago”, uno de mis libros preferidos, el cual también me acercó a sentir mucha curiosidad por el periodismo cuando lo leí a los 13 años. No sé si fue por esas cosas certeras del azar mi cuñada me trajo un folleto de un programa para adultos que no finalizaron el secundario y decidí escuchar ese grito interno. Cuando llegó diciembre del 2013 empecé con 4 materias, que rendí bien. Sabiendo que adeudaba 12 y que podía dar 6 en cada cuatrimestre llegó diciembre del año pasado y levanté el diploma con el secundario terminado. Muy feliz pero un poco enojada con mi comodidad. A los dos días me matriculé en la facultad y cada vez que hago una entrevista, un artículo o simplemente escribo sé que tomé la mejor decisión de este último tiempo. Por mi, por salir de mi comodidad. A veces me cuestiono por haber perdido tiempo y ser materialista pero también creo que la vida es sabia y que tal vez a la edad promedio no lo hubiese disfrutado tanto como ahora o no tomaría las cosas de la misma manera. ¿Quién lo sabe? Quizás sí, quizás no pero como dije, la vida es sabia y acá estoy ahora.
Cumplir con la asignatura pendiente a distintas edades
APUBA (Asociación de personal no docente de la Universidad de Buenos Aires), a través del instituto Facultar posee un programa de finalización de estudios secundarios para los empleados de la UBA, SAD (secundario a distancia). Está implementado desde el 2010, y a sus egresados le otorga un diploma del colegio Nacional Buenos Aires. Se lleva a cabo con un alto índice de empleados que deciden encarar el programa con gran entusiasmo y esmero.
Orlando López es empleado de la Facultad de Odontología y terminó sus estudios a los 50 años y nos cuenta como afrontó ese desafío a su edad. “Es toda una aventura estudiar de grande y teniendo una familia. ¿ Qué mejor ejemplo que cuando a tu hija le preguntan, que hace tu papa ? Ella conteste papá está trabajando o papá está estudiando.
Mi historia es quizás como la de mucho. En casa no había mucho dinero entonces hubo que trabajar, pero el cambio que hubo en mi persona fue notorio al menos para mí, el enriquecimiento del lenguaje, la apertura mental, pero por sobre todo el poder mostrarle a mi hija que con sacrificio todo se puede”

 

orlando

Entrega de diplomas de Orlando López en el colegio Nacional Buenos Aires junto al rector de la Universidad de Buenos Aires, Alberto Barbieri y Jorge Anró , secretario general de APUBA.

María Luján Villareal tiene 38 años, es madre y empleada de Ciencias Exactas. Actualmente se encuentra rindiendo los últimos exámenes de la orientación en acción social que eligió y en unas semanas tendrá su diploma.

“Dejé de estudiar porque repetí 3er año, y después dejé pasar el tiempo por tonta, supongo que pensaba más en divertirme que en estudiar. Después me casé, tuve a mis hijas y mi tiempo lo ocupé entre la casa, las nenas y mi suegro que estaba enfermo. Decidí anotarme en el SAD cuando mi hija mayor estaba terminando 6to grado, porque quería hacer algo por mí, era una materia pendiente. Ahora que lo estoy terminando me siento contenta, finalmente lo logré, pero quiero mas y por eso me anote en el CBC, pienso seguir estudiando, y cumplir mi sueño de estudiar la Licenciatura en Historia”

 

El desafío desde el rol docente

Edith Bello es profesora de Lengua y Literatura y nos habló sobre su vivencia como profesora en el SAD.
“Soy profesora de Lengua y Literatura, también tutora de Lengua. Trabajar con adultos es apasionante porque cada uno viene con historias diferentes, en la escuela secundaria hay una cosa más homogénea. Acá hay adultos que no terminaron por 2 o 3 materias, es una asignatura pendiente que tienen, hay otros que no, que ni siquiera habían empezado primer año. Ahí se ven las diferencias porque está el que siente que no puede porque nunca agarró un libro, día a día va enfrentándose con ese desafío. Dicen mis hijos me superan a Mí, lo importante es darles confianza, es importante decirles que ellos pueden, que si se metieron en este desafío es porque es así. Es sorprendente en Lengua como van mejorando su forma de escribir, como van apropiándose de sus ideas y como van expresándose. Cuando te dicen que antes solo miraba tele y leía los chistes de los diarios y ahora leo libros o veo la diferencia al leer una noticia. Eso es sorprendente y la verdad que es apasionante”

alumnos

Grupo de alumnos del SAD en tutorías de matemáticas.

Por comodidad, por circunstancias económicas que los obligaron a salir de su casa a trabajar o por muchos motivos más muchos adultos no terminaron sus estudios secundarios a la edad que se acostumbra. Algunos siguen sin cumplir con esa asignatura pendiente, pero están quienes con diferentes edades deciden cumplirse a sí mismos y afrontar el camino que no hicieron en su momento, porque por el motivo que sea, nunca es tarde.