El viaje comienza con la línea B del subterráneo de la ciudad entre el calor y la multitud, al bajar en la estación Florida, entre comercios y edificios de última tecnología, todavía resiste una casa de principios del siglo XIX. “Museo Mitre” es su nombre, la casona que hoy es parte del Estado Nacional, y retrata de una forma u otra, el estilo de vida del ex presidente, senador, historiador, y su familia.

En esta casa, que funcionó como la primera residencia presidencial de la historia del país, vivió Bartolomé Mitre hasta su lecho de muerte, la habitación en la que falleció se preserva de forma intacta, también funcionó la primera edición del diario “La Nación”, y fue sede de la Primera Junta de Historia y Numismática Americana, un estudio al que Mitre le presentó especial interés.

Objetos personales de B. Mirte. Archivo cronista.

El ex presidente donó en vida al Estado Nacional todos sus bienes, y al poco tiempo de su muerte la casona también es comprada por el Estado, por lo que se preserva casi de forma intacta una casa que desde 1906 quedó marcando una pausa histórica en la arquitectura de la ciudad.

En la calle San Martín a la altura 336 está la entrada, al lado de un colosal edificio de vidrios espejados y un Fallabella, al entrar saludo a los guardias de seguridad y a quien es la encargada de las muestras en el museo, me informan al paso el recorrido y me decido a caminar solo, junto a un brasilero de San Pablo que lo único que hace es sacar fotos. El primer panfleto, “La noche de los Museos – 15 años” me lleva la encuentro directo con los objetos personales de Mitre, que serían una muestra exclusiva por el festejo del mismo, y al poco tiempo serían sacados de exhibición.

Como toda arquitectura colonial, la casa cuenta con un patio central rodeado de habitaciones, en el primer patio se conserva una estatua en el centro y algunas salas de estar de menor importancia que usaba la familia, en el primer piso está la habitación donde falleció Bartolomé Mitre, conservada de forma exacta, y al lado una habitación de relajo refaccionada por su hijo, además la Biblioteca Americana que cuenta con más de 60 mil libros ordenados de forma personal por el ex presidente, ejemplares únicos de historia americana y europea, y una serie de tinteros, plumas y papeleros que fueron usados en el ejercicio de su presidencia entre 1862 y 1868. Se completa este recorrido con una vista aérea de la casa.

Sala de conferencias, última modificación en la casa. Archivo cronista.

El segundo patio cuenta con una sala comedor donde se juntaban para la cena familiar de los domingos y se ven las pinturas de las largas sobremesas. La sala contigua es de uso recreativo con un billar central y varios sillones. Al fondo del segundo patio se encuentra la sala donde funcionó la primera edición del diario La Nación antes de mudarse. En las habitaciones de los hijos hay manuscritos que cuentan sobre las dificultades que tenían para dormir por las máquinas de imprenta al trabajar durante la madrugada. Por último, lo que fue el tercer patio, en 1937 se modificó para pasar a funcionar la Academia Nacional de la Historia, creándose un auditorio para conferencias capacitaciones y espectáculos, hoy abierto como parte del segundo patio en la recorrida del museo.

La conservación de piezas únicas de lo que fue la vida diaria del siglo XIX, y el espíritu de un hogar que marcó historia en la República Argentina, hacen de esta visita un lugar único para conocer y repensarnos sobre las maravillas que nuestro país tuvo y tiene, para dar.