Dos argentinos relatan en primera persona la experiencia de vivir en Venezula. La crisis y el retorno.

Viviana y Carlos son un matrimonio de hace más de 30 años. Tienen dos hijas y viven en un departamento en Caballito. Hasta aquí se podría decir que son una familia tipo. Pero tienen una particularidad: emigraron hace un año y medio de Venezuela.
Es de público conocimiento los hechos que pasan día a día en el país Bolivariano. La violencia en las calles, el terror instalado en la sociedad y los conflictos políticos, que no cesan. Cada vez son más los venezolanos que emigran de su país en busca de una vida mejor.
“La situación social económica que está viviendo el país no es digna para ningún ser humano. Por eso es que la gente emigra; se calcula que en Argentina hay 25 mil venezolanos. En el 2015, había 15mil, el año pasado vinieron 10 mil. Yo calculo que ya hay más de 27 mil este año”. Me relata Carlos, mientras toma su café. Su mirada y su voz son firmes, pero en sus ojos se puede ver la añoranza que tiene por Venezuela.
Viviana es una mujer de 60 años, que habla con seguridad, es consciente de cada palabra que dice, pero a diferencia de su marido, la emoción le brota con más facilidad. Ella es argentina, pero emigró a Venezuela cuando tenía ocho años. “Me fui porque a mi papá le habían hecho una propuesta muy buena para irse a Valencia, que es una ciudad que está a dos horas de Caracas. A mi papá le ofrecieron la isla de la fantasía y dijo nos vamos. Le estaban ofreciendo cuatro veces más de lo que ganaba acá. Ese tuvimos muy muy bien económicamente por muchos años. Le fue bien hasta que las cosas cambiaron políticamente”.
Carlos también es argentino y se fue con su familia a los 19 años por el mismo motivo: el bienestar económico. “La Venezuela, del año 1973 hasta el año 90, era una Venezuela progresista, había mucha inversión extranjera. Se construyó una de las primeras autopistas de Latinoamérica, cuando aquí todavía no había. Se estaban construyendo autopistas que cruzaban toda la capital, la montaña y otra que cruzaban la ciudad. Había mucho poder adquisitivo. La gente viajaba fuera de Venezuela todo el tiempo. Después del año 2000, cuando entro el gobierno de Chávez, influenciado por Fidel Castro, ya las cosas fueron cambiando radicalmente de a poco. Y en el año 2013, cuando murió Chávez y Nicolás Maduro asumió el poder, las cosas cambiaron mucho más y el país se volvió más Castro comunista”.
Ambos coinciden en que la muerte de Chávez fue la puerta para que Nicolás Maduro les entregara el poder de Venezuela a los cubanos. El narcotráfico colombiano también está instalado en el país y es controlado por los militares venezolanos. “Con Chávez las cosas estaban mal, pero no estaban tan mal, y con este hombre es un desastre. Cada vez es peor y cada vez quiere afianzarse más en el poder y lo está logrando porque los únicos que pueden salvar una democracia en un país democrático son los militares y estos están apoyando al gobierno de Nicolás Maduro”, afirma Carlos. “Maduro es solo un títere”, agrega Viviana.
“Expropiar fue una de las cosas que hizo Chávez”, me cuenta Carlos. “Le hizo creer al pobre que quitándole al rico se solucionaban las cosas, pero a un rico nunca se le hace daño. Él atacó la clase media, que pasó de buen nivel, a media- media y ahora a media-baja. Él supo generar un odio entre clases, que eso es terrible en una sociedad”.
En Venezuela no hay comida. La gente tiene hambre. Los niños de las favelas son alimentados con comida para perros, y aquel que tal vez si tiene la posibilidad de comprar comida no la consigue. Las colas para poder conseguir un kilo de harina son de seis o siete cuadras. Además, no se puede ir a hacer las compras cualquier día. Tienen que coincidir los últimos números del documento y se tiene que rogar que justo ese día haya lo que uno necesita.
“Uno se limita a comer lo que hay”, afirma Viviana. “Carne (se ríe) eso es más que un lujo. La gente que tiene plata o que está con el gobierno, no les importa porque vienen conteiners repletos de Estados Unidos y ahí se traen alimentos, pasta dental, de todo. Entonces ellos no tienen problema. Pero ¿cómo se están criando los niños allá? Hay mucha desnutrición. Cuando conseguís pasta es pasta, pero no es algo balanceado”.
El otro gran problema es la salud. “En Venezuela se está peor que en Cuba. En Cuba tenés hospitales, allá no. Los hospitales no sirven. Te morís, no hay suministros. Los hospitales jamás sirvieron, o por lo menos desde hace 20 años para acá. Sabes la cantidad de gente que se muere porque no tienen medicina y no te dejan entrar las medicinas al país. La única forma de entrar medicina al país es porque alguien te las trae personalmente”, relata Viviana y agrega que su marido tenía que recorrer más de cuatro farmacias para poder conseguir los remedios para la presión y si tenía suerte los podía comprar.
“Hoy en día el poder adquisitivo de Venezuela es nulo. La inflación del año pasado fue del 800%. Entonces ¿qué hace la gente con ganar una bolsa de dinero? ¿Qué hace con eso cuando no puede comprar nada, porque no hay nada?”, añade Carlos.
Con respecto a la inseguridad, agradecen a Dios que nunca les pasó nada grave. Ellos vivían en una urbanización cerrada, pero eso no significó que secuestraran a tres de sus vecinos. “Es un aviso de que hoy no, pero mañana sí”, reflexiona Carlos.
Viviana fue la que vivió en carne propia el miedo. Pocos antes de volver a su país natal, sufrió tres atracos mientras manejaba su coche. La primera vez le robaron el celular a su hija; la segunda cuenta que le ofrecieron un tiro en la sien, y la tercera no la recuerda. Afirma que lo borró de su cabeza.
El miedo es parte de la vida cotidiana. La calidad de vida no existe. Recuerdan que más de una vez terminaron en el suelo de su casa, resguardándose de los tiros.
El regreso
La decisión de dejar el país, me cuenta Viviana, la tomaron en un mes, luego de recibir un llamado de su primo argentino, que le ofreció techo y comida. “Eso no lo podés pagar con absolutamente nada y cuando él me dijo así, tomamos la decisión enseguida”.
Si bien fue algo que decidieron rápido, fue difícil. Carlos recuerda que antes de que la situación se pusiera tan fea en Venezuela, él estaba muy cómodo. Pero ante los hechos decidió tomar la decisión por él y su familia. “Me dio mucha rabia, miedo, porque no es justo. Si te fueras por una cuestión de trabajo uno se va contento, pero tener que salir obligado(Hace una pausa). Yo sentí mucha rabia cuando me fui y me sentí muy mal. Son situaciones muy difíciles de tragar, incluso los primeros días no entendía lo que estaba pasando, no quería asumir la realidad de que tuve que salir casi huyendo y venir para acá”.
“Una cosa es tomar una decisión cuando tenés 24 años, y otra cuando tenés 65 y 60 como nosotros”, comenta Viviana. “Mi casa está como si nosotros fuéramos al supermercado y volvieramos. Mi casa está intacta. Es duro porque dejas todo. Toda tu vida la traes en tres maletas”. Agregó también que es difícil porque el cuerpo ya no es el mismo, ya no tiene 18 años y el miedo es uno de los factores que más influye. Pero el hecho de que ella es el ejemplo para sus hijas, la ayudó a salir a adelante y la impulsó a seguir y no se arrepiente de haber venido.
En Venezuela vivían en un departamento de casi 400 metros cuadrados. Hoy viven, junto a sus dos hijas, en un departamento alquilado, que tiene 36 metros cuadrados y donde la intimidad existe de la puerta para fuera. Pero eso no les importa, porque Argentina les devolvió algo que Venezuela les había quitado: la paz.
Sus parientes cercanos, hermanos y amigos siguen en Venezuela. Todos tienen la intención de volver. Ellos quieren ayudarlos a volver, pero la situación no es fácil. “Cómo hacés si nosotros recién estamos tratando de sobrevivir, de salir adelante. Vos pensá, uno viene para acá y va abriendo camino de a poco. Yo pensaba ilusamente que todo iba a ser más rápido, pero se van dando lentamente las cosas. Pero se tienen que venir sí o sí, por cómo están las cosas ahora”, explica Viviana.
Al querer saber si volverían a Venezuela, en el caso de que la situación mejorara, la respuesta de Carlos fue rápida y rotunda: “Si las cosas cambian y hay un gobierno democrático yo volvería a poner mi granito de arena para ayudar a la reconstrucción del país. Yo soy argentino, pero toda mi vida la viví allá. Tres cuartos de mi vida estuve allá. Volvería a poner mi grano de arena en lo que sea, trabajando de lo que sea para la reconstrucción”.
En cambio, Viviana lo dudó. Explicó que ella cree que la reconstrucción sería dentro de diez años o más y ya tendría más de 70 años, y volver a hacer el cambio para atrás no sería su primera opción, salvo que estuviera muy bien económicamente y pudiera ir a ayudar. Pero viviría un poco acá y un poco allá.
Les cuesta un poco creer en la reconstrucción. El odio sembrado es muy fuerte que se considera que deben pasar muchos años para que cambie la mente de la gente.
“Hay que vivir una situación como la de Venezuela, hay que subsistir allá para hacer comparaciones. Te la pueden contar, pero hasta que uno no vive la situación en carne propia, no sabe lo que es. Por eso estoy muy contento de estar aquí, hay que tener esperanza. Cuando estábamos allá no nos imaginábamos que la situación se iba a poner como se puso. Hace dos años no lo pensábamos, y sin embargo pasó”, sentenció Carlos.
Venezuela es su lugar es su tierra por adopción, es su vida entera, Los ojos de Carlos ahora reflejan el dolor y demuestran ese sentimiento tan profundo que es extrañar. “Es toda mi vida, es mi casa. Venezuela me recibió, terminé mi adolescencia, mi juventud, la conocí a ella, tuve a mis hijas. Es todo. Si las cosas mejoran yo iría. No sé si van a mejorar ni cuánto va a tardar, pero si volvería. Aunque sea de vacaciones tengo que regresar. Seis meses, disfrutar. Disfrutar de todo lo que tuve que dejar, me quedaron tantas cosas en el tintero, tanto por conocer que volvería a pasear. Y si puedo hacer algo por Venezuela lo hago. Claro que volvería”.
“Para mí es mi todo. Yo siempre en el fondo fui muy argentina por mis padres y siempre tuve una mescolanza muy grande, porque viviendo en Venezuela las costumbres eran argentinas. Pero en Venezuela estudié, es donde crecí, es muy importante, muy importante”, recalcó  Viviana con un nudo en la garganta y las lágrimas en sus ojos.