Son varios los años que pasaron para que el destino, los números, el azar, y una pizca de buen fútbol, hicieran posible que se pueda jugar nada más ni nada menos, el partido más ansiado desde que se creó la rivalidad entre River y Boca.

El Superclásico más importante de la historia quedó empañado por la violencia: el micro de Boca fue apedreado y los gases lacrimógenos afectaron a varios jugadores, que también sufrieron cortes. Por todo esto, sumado a la batalla de los hinchas de River con la Policía, la Conmebol postergó el partido sin una fecha definida ni un estadio fijo.

El equipo de Núñez, fue partícipe de una cantidad innumerable de escándalos que abarcaron desde el uso debido o indebido del VAR, la petición de puntos por jugadores mal incluidos o la infracción de su técnico en un partido decisivo en el que había sido suspendido y prefirió pagar una multa con tal de poder bajar al vestuario a motivar a sus jugadores; todos obstáculos en los cuales River salió invicto e hicieron posible que pueda volver a jugar la final de Copa, como la que había ganado allá por el 2015.

Parecería ser que el pedido de los escritorios, fuese un tema tabú o más bien una especie de mancha para cualquier equipo argentino; sin embargo, es a lo que se termina recurriendo casi de forma automática en este tipo de casos en el que pareciera inevitable poder jugar simplemente un partido de fútbol, respetando las condiciones necesarias, y el reglamento en todos sus artículos.

A pesar de que el “muñeco” haya sido foco principal de diversas polémicas por cumplir infracciones que lo perjudicaron de forma personal (y que podrían haber perjudicado la continuidad de River en la Copa), la última aparición en público, lo dejó bien parado para ambos bandos, luego de tener el buen gesto de querer jugar el partido en condiciones “normales” de modo que no haya ningún tipo de ventaja para el conjunto millonario, a lo cual Guillermo Barros Schelotto, declaró que quiere que la CONMEBOL revise y conteste todos los pedidos por parte de Boca Juniors.