El objetivo de nuestro trabajo es, luego de definir a las encuestas como método de investigación y recopilación de datos y plantear las distintas formas de distribuirlo (como por ejemplo dentro de las redes sociales) es, en fin, deducir la interpretación que vuelve falsos a los resultados de las estadísticas. También, demostrar la influencia de las encuestas en el voto de los ciudadanos y la disminución de los aspectos cualitativos a la hora de votar; sin perder el foco en las diferentes clases sociales y culturales, plantearlo como lo que es: una influencia global y general.
El impacto de los medios dentro de las encuestas y viceversa, es un factor importante, ya que los medios masivos de comunicación se presentan de una u otra forma en la vida de las personas, quienes luego decidirán con su voto. Por lo que es necesario profundizar.

Primeramente nos pareció conveniente realizar una distinción entre lo que es un oráculo y qué una encuesta. El oráculo es una respuesta divina que llega a las personas a través de sacerdotes u otros ministros, dicha respuesta incluso puede reflejarse mediante señales físicas o símbolos que son interpretados por los especialistas. En cambio, las encuestas son un método de investigación y recopilación de datos utilizados para obtener información sobre diversos temas y se responde a preguntas orientadas por quien las hace. Se realizó esta diferenciación ya que por mucho tiempo se ha considerado a las encuestas como premoniciones de un futuro no muy lejano y se ha confiado plenamente en ellas.

Otra creencia muy común es que la encuesta es una expresión de la opinión pública y esto no es cierto ya que, por un lado, consisten en respuestas sesgadas a preguntas orientadas según quien las pide y, por otro lado, no es la voz del pueblo la que se manifiesta porque, como dice Giovanni Sartori en su libro “Homo Videns- La sociedad teledirigida”, el transeúnte que responde al cuestionario que se plantea no representa a nada ni a nadie sino que habla por sí mismo. Por otro lado, en el mejor de los casos, las encuestas realizadas en la vía pública son “coloristas” pero cuando se trata de temas serios son, según Sartori, “formidables multiplicadores de estupideces” las cuales al presentarse en televisión crean opinión y al día siguiente miles de personas las repiten.

Además, las encuestas solo miden el primero de los niveles de la opinión pública y este es el ligado a la actualidad y a los sucesos. Esto explicaría que quien fue destrozado en el pasado hoy es ponderado porque los sucesos y la actualidad cambiaron. Lo anteriormente mencionado se pudo ver reflejado recientemente en las encuestas que aseguraban la victoria de Hillary Clinton por sobre Donald Trump por la presidencia de Estados Unidos y hoy es de público conocimiento que esto no fue así. Lo mismo sucedió con el actual presidente argentino Mauricio Macri en 2015. Por tanto no puede considerarse, según el sociólogo y licenciado en derecho Dominique Wolton, a las encuestas como un instrumento que predice el futuro ya que es como una “fotografía” que muestra meramente una situación actual y sirve para apaciguar la incertidumbre de lo que va a pasar.

Generalmente se olvida el origen de las encuestas al ser presentadas en los medios masivos de comunicación haciendo públicos los resultados. Cuando los periodistas las repiten se pierde la contextualización y solo quedan los porcentajes. Con cuadros y porcentajes todo se puede condensar en pocas imágenes que parecen de una objetividad indiscutible.

La influencia de las encuestas y los medios es desestabilizante ya que esclarece a corto plazo pero oscurece a mediano y largo plazo. Es decir que pierden credibilidad y, por tanto, fiabilidad. El politólogo Hernán Petit dice que “’La credibilidad es una consecuencia del método’ pero la población solo sabe los resultados, por lo cual es manipulada.” Se cree que el público en general se mantiene distante de las encuestas, en cambio, la “elite” y los políticos son más sensibles a ellas. Como consecuencia a esto aparece lo que se conoce como “voto útil” o “voto estratégico” que es una modalidad de decidir el voto ciudadano en función del eventual resultado de las encuestas. Este tipo de voto concede máxima importancia a ganar las elecciones democráticas concentrando el voto, a la vez que busca evitar la dispersión de este en múltiples alternativas. Habitualmente el voto útil tiende a polarizar una elección. En otras palabras, el votante elige una determinada opción de las que van a la cabeza para fortalecerla con el propósito de excluir al rival no deseado aunque dicha decisión no la tome por una convicción ideológica. Es decir que quizás el candidato que eligió no es de su agrado completamente pero lo prefiere antes que a su rival y frente a esto los partidos minoritarios reciben aún menos votaciones.

Lo cierto es que el objetivo de las encuestas de opinión es recopilar información, la cual luego es utilizada por el equipo de campaña del candidato para manipular la imagen del mismo a su favor o en contra de un posible oponente. “En las campañas políticas se trabaja simultáneamente en distintos planos, y por otro lado en otros no simultáneos. Por ejemplos las encuestas. Hay encuestas que se hacen antes de la campaña, otras durante, otras después de la elección y varían según los resultados. Hay varios tipos de encuestas y formas de hacerlas y llevarlas a cabo” expresó Hernán Petit. Entonces, hay muchos tipos de encuestas, pero hay 3 en general que se utilizan frecuentemente:

Únicas: Generalmente son las más utilizadas, es una encuesta especial que apunta a toda la población en general en diferentes lugares.

Periódicas: Son particulares. Siempre se usa la misma muestra social. Se le pregunta con regularidad cada cierto tiempo las mismas preguntas a la misma persona.

No estructuradas: Son más diversificadas y específicas, apuntan en particular a saber algo en un sector particular, son mucho más caras que las dos anteriores por eso se complica más llevarlas a cabo.

Durante las campañas electorales, las encuestas pasan por distintas fases:

Primera fase: Se lleva a cabo antes de entrar a campaña. La primera fase se basa en hacer una encuesta del electorado que debe estar encuadrada dentro de un espacio geográfico (el que ocupa el votante) y del plan político del candidato. También se hacen encuestas de campaña de oponente con el objetivo de conocer las expectativas y temas de interés de la oposición, qué están dispuestos a recibir con mayor o menor empatía.

Segunda fase: Campaña de prueba. Tiene como objetivo final corregir los problemas que fueron viendo según la primera encuesta que se hizo. Van corrigiendo para alcanzar un marco de error mínimo y luego se hace un rediseño de la campaña, es decir, un arreglo.

Tercera fase: Es la más importante. Antes de la elección. Es la fase directa de la encuesta y el sondeo para el electorado respecto del candidato. Qué opina el mismo y otros… como se ven ciertas cuestiones de él o de sus oponentes. De acuerdo a eso vuelven a rediseñar la campaña para focalizarla en el único objetivo que tienen: incorporar a un candidato dentro de las elecciones y ganarlas.

Los resultados que se esperan de estas tres fases principales son conocer las motivaciones de la opinión pública para ir diseñando y/o corrigiendo los errores, comprometiendo el alcance de cada candidato. Las campañas deben ser hechas durante, antes y después.

Uno de los problemas de las encuestas es que hay que tener en cuenta la distancia temporal que existe entre las elecciones, por ejemplo, los cambios de situación socio electoral, socio económicas y demás. Una encuesta en una elección en el 99, por ejemplo, puede dar un resultado, y la misma con las mismas preguntas en otro año, distintos y así sucesivamente. Los resultados varían según la situación del país y otras cuestiones que además, son manipuladas.

Hay que tomar un universo de personas si es algo en particular. Si se quiere seguir como evoluciona un grupo social en particular se toma a ese grupo y se va estudiando conforme va pasando el tiempo. Se va tomando una muestra y se estudia siempre la misma a largo del tiempo. También hay encuestas más generales a distintos tipo de personas.

A continuación presentamos 10 posibles razones por las cuales las encuestas fallan:

Los sondeos electorales son diferentes a la mayoría de las demás encuestas que describen la visión presente o pasada de los entrevistados y no una conducta futura. Si se pregunta a una persona, a dónde fue de vacaciones el año pasado, no tendrá inconveniente en contestar. En cambio, si se le pregunta a dónde piensa ir el próximo año, seguramente tenga problemas para responder ya que quizás no lo ha decidido aún o, llegado el momento, opta por una alternativa diferente a la que había elegido. Por ende, con la misma técnica, la misma muestra y el mismo análisis, uno y otro caso manifiestan un disímil nivel de confianza.

Cuando un encuestado no ofrece una respuesta concreta sobre a quién votará se lo denomina “indeciso” o “tibio”. Este fenómeno se puede deber a que el encuestado no ha reflexionado sobre la elección y las posibilidades que se le presentan. La técnica utilizada suele encabezar las entrevistas con la pregunta “Si las elecciones fueran hoy, ¿a quién votaría?” pero esto no es cierto y la realidad varía de un día a otro, en la medida en que van surgiendo elementos a favor y en contra de cada uno de los candidatos.

Se ha ido perdiendo la identificación de los partidos tradicionales, el sentido de “pertenencia partidaria”. Tradicionalmente, buena parte de los votos correspondían a individuos identificados con un determinado sector y el margen de indefinición quedaba para un grupo minoritario. Hoy, a nivel mundial, hay una tendencia al descreimiento y al desarme de los conglomerados ideológicos.

Cuando un candidato tiene un 38% de intención de voto y a la siguiente medición sube al 40%, la sensación que se genera es que ha mantenido ese 38% y ha incorporado un 2% adicional. Sin embargo, cuando se trabaja sobre paneles encuestados se logra verificar el nivel de volatilidad (cambio) de la intención de voto. Permanentemente se producen desplazamientos y el equilibrio final está marcado por cuántos se incorporan y cuántos se pierden cada día de la semana previa a las elecciones.

La efectividad de los estudios hace que, paradójicamente, estos atenten contra sí mismos, dado que una investigación bien realizada permite a los candidatos analizar los puntos débiles propios y del oponente, y modificar su discurso de campaña para lograr un impacto más certero.

Para que se verifiquen los márgenes de error por cantidad de entrevistas según las tablas estadísticas, todos los individuos deberían tener la misma probabilidad de aparecer en la muestra. A esto se suman las crecientes limitaciones de los medios de los medios de recolección, dado que las encuestas domiciliarias son muy costosas y en algunas zonas inviables. En cuanto a las telefónicas, el uso de la línea fija está en retracción y para los sondeos online aún se presentan algunas limitaciones como, por ejemplo, socioeconómicas.

Hasta un 15% de los ciudadanos votantes decide su voto en las últimas 48 horas. Más aún, una parte significativa de los mismos lo hace dentro del cuarto oscuro. Todas las hipótesis que se formulen para el comportamiento de estos individuos tienen, como es de suponer, altos márgenes de indefinición.

Las encuestas suelen estar concluidas entre 48 y 72 horas antes de su difusión mediática. Esto implica que el trabajo de campo probablemente haya sido hecho casi una semana antes de los resultados. Con el nivel de volatilidad de los votantes, más la indefinición de las últimas horas, los tiempos entre los pronósticos y los resultados son demasiado amplios para que permitan una clara visión de la realidad.

En algunas sociedades existe la creencia cultural de que ciertas definiciones son políticamente incorrectas, por lo que muchos entrevistados tienden a negar esas inclinaciones políticas.

Dejamos para el final un punto que se discute habitualmente y que no descarto que, en algún caso, pudiera influir: la falta de idoneidad para realizar el proceso de muestreo, entrevista, procesamiento y análisis en forma adecuada. O bien, que alguien modifique los resultados para obtener un beneficio personal.

Según expertos, en Argentina, una de las cuestiones más importantes es que el electorado es muy variable, va cambiando de acuerdo a cuestiones pasionales o culturales “El público argentino es muy pasional”. En general uno de los problemas es la falta de fiabilidad absoluta, esto se debe a que la pequeña muestra social que se toma para hacer el sondeo no alcanza a la representación general y real de la población, sino solo a una parte de ella. “Argentina tiene un problema: es muy diferente a los demás países, es un electorado muy cambiante. Argentina tiene un electorado que a veces se pone del lado del perdedor por lástima, o a veces del ganador” comentó Petit.


Otro problema es que los diferentes tipos de preguntas que se hacen, algunas directamente, incitan a responder lo que los entrevistadores quieren. Existen preguntas abiertas, cerradas y preestablecidas. Sin perder de vista al otro problema, que es la escasa fidelidad de la contestación del encuestado, esto es muy importante porque puede dar respuestas inconsistentes y/o mostrar desinterés o competencia a la hora de responder.
El último conflicto y el más conocido, es el costo de los sondeos.

Los dos efectos posibles más conocidos que se encuentran hasta en libros de Marketing Político, son por un lado el efecto Bandwagon, este se produce cuando el votante se vuelca hacia el candidato que los sondeos dan por ganador, solamente para estar dentro del bando victorioso, por no tener un buen criterio de elección. Por el contrario, cuando el votante se vuelca hacia el candidato que los medios dan por perdedor, se produce el efecto Underdog.

Luego de haber investigado, analizado y explicado lo que se detalló anteriormente, llegamos a la conclusión de que mucha gente no vota a conciencia, ni a su propio criterio, lo hacen como un castigo al frente opuesto. Ya que no eligen realmente a quien quieren sino a quien no quieren que gane. De tal manera que así deja de ser una votación inteligente y pierde su sensatez, para hacerlo de manera correcta hay que informarse y no dejarse llevar por estrategias políticas como son las encuestas. Deben nutrirse de conocimiento porque es el precio que tiene que pagar el ciudadano para poder valorar de manera correcta su derecho de participar de la democracia.