De profesión Politóloga y militancia feminista, Florencia Freijo es una de las referentes más autorizadas al momento de analizar los diversos acontecimientos sociales en Argentina. Su capacitación es continua, no sólo es diplomada en Geopolítica Latinoamericana, sino que actualmente se está especializando en Derecho con perspectiva de género, además de trabajar como Asesora Parlamentaria en la Legislatura Porteña.

ISEC POST tuvo la oportunidad de conversar con ella sobre la injerencia de la economía en el colectivo feminista:

  • ¿Por qué se habla de una economía feminista y no una economía de género?.

Primero, porque el término político “feminismo” reivindica las luchas del movimiento histórico de mujeres. Segundo, se habla de una economía feminista para referirse a aquellas cifras que han sido invisibilizadas, y muestran la importancia del trabajo de las mujeres por fuera del sistema económico. Esto sucede por no estar asalariadas y además por la jerarquización en trabajos inferiores, que suponen “correspondernos” sólo por una cuestión biológica.

  • ¿A qué se remite la frase “Eso que llaman amor, es trabajo no remunerado”?.

Es la frase de Silvia Federici. Tiene que ver con la construcción de imaginarios que hicieron posible que la mujer estuviera en el ámbito privado y el hombre en el ámbito público. Estos pensamientos reproducían en la mujer un supuesto “deber biológico y afectivo” hacia el cuidado, que luego armaron identidades, por ejemplo, “la mujer es más contenedora y por tal motivo le pertenece el cuidado de niños”. También tiene que ver con el binomio cultural, que supone al hombre como un ser social, y a la mujer como un personaje romantizado de la naturaleza. Aquello que nos dijeron culturalmente que nos correspondía sólo por un tema de afecto o amor, en realidad es un trabajo no reconocido. Federici afirma que esta situación no se soluciona con cobrar un salario por el trabajo doméstico de las mujeres, sino con otros tipos de soporte que cambien la lógica del sistema productivo

  • Preferís hablar de emancipación y no de empoderamiento de la mujer, ¿por qué?.

Para mí el empoderamiento es un concepto verticalista, que se basa en darle un poder a las mujeres, pero dentro de la misma lógica de estructura que infiere en oprimir a otro. Todas las relaciones humanas son asimétricas, entonces alguien me puede decir “bueno esto es así per se, tiene que ver con la naturaleza del ser humano”. Pero el empoderamiento habla de darle a las mujeres un poder que se les fue negado, cuando en realidad también se les negó a los hombres, en una matriz de desigualdad. Entonces considero que es mejor hablar de emancipación, y no sólo de la mujer sino emancipación de esas lógicas de reproducción de poderes verticalistas en los hombres.

  • El 24 de octubre se trató en el Congreso el Presupuesto 2019, ¿Cuál va a ser la situación de mujeres, travestis y trans con las medidas que pretende implementar el Gobierno Nacional?.

Siempre que haya presupuestos que van acompañados de políticas de ajuste y represión, las que más sufren son las mujeres. Primero, porque se reproduce el capital, y las mujeres no somos dueñas de la vida, ni de los medios de producción. Cuando esto se profundiza, sumado a que estamos precarizadas en el trabajo, nosotras seguimos quedando en el último eslabón, pues el ascenso social es complicado y se hace muy dificultoso. Recién, en el seminario, hablaba del “piso pegajoso”, es decir, un arraigo a esa realidad de la cual no es fácil desprenderse. Por otro lado, sigue siendo un presupuesto que no cumple con una perspectiva feminista, ni de la diversidad sexual, ni de identidades disidentes. No hay políticas que subsanen estos problemas. Es mayor el presupuesto para el pago de la deuda y de la dependencia que tenemos con los mercados, representados por el FMI, que por las medidas de perspectiva feminista.

  • ¿Se vuelve a presentar el proyecto de Interrupción Voluntaria de Embarazo el próximo año?.

El próximo año es un escenario complicado para este proyecto: primero porque las condiciones de representatividad en diputados y senadores no cambiaron, con lo cual, tendría que ser otro proyecto que genere ciertas garantías y un punto medio, el cual sabemos que no se va a lograr. Lo único que había en común era brindar Educación Sexual Integral. Ahora los mismos grupos “pro vidas” que representaron el rechazo de la ley, están impidiendo la implementación de la ESI en las escuelas, con lo cual no hay puntos de conciliación. Segundo, hay una fragmentación partidaria que rompe los esquemas de sororidad que se habían generado. Va a ser muy difícil volver a generar ese tipo de cohesión, porque vamos a estar en un escenario de disputa electoral, por lo tanto lo veo muy complicado. Lo que sí creo viable es que nos organicemos desde el movimiento de mujeres para garantizar que se aprueben en todas las provincias el protocolo para la Interrupción Legal del Embarazo. También  apoyar a las organizaciones comunitarias que brindan asistencia a las pibas que quieren abortar, y a las que monitorean el cumplimiento de la ESI.