Pocos pobladores tiene el Cazón, pero su corazón es grande para reunir a todos. Así lo hizo este fin de semana, en el evento “Expo Cactos”. El tercer año consecutivo que realiza esta fiesta, destinada a ofrecer a su público su producción regional.

Disfrutar de la cordialidad y calidez de este lugar, y conocer su gran “Vivero Municipal Eduardo L. Holmberg” inaugurado en 1910; el más importante de la Provincia de Buenos Aires; es un impulso y una deuda pendiente para algunos; así como una grata sorpresa para otros.

Conocido como el “pueblo del millón de árboles”; oriundo de la Municipalidad de Saladillo (Provincia de Buenos Aires), Cazón se destaca por su escuela agraria; donde los niños aprenden a sembrar y cosechar distintas especies de plantas, con fines de uso personal o posible comercialización.

Merendar en su “Base de campamento”, espacio destinado para el acampe con camas, duchas, parrillas, un comedor y vestuarios, es una opción para el descanso; y también el sector, donde anualmente, se exponen las carreras de caballos; evento internacional, que atrae interesados de diferentes nacionalidades.

Cazón tiene un aire mágico. A pesar de su simpleza, donde un club, una Iglesia, un edificio Municipal y algunas casas, conforman el paisaje de este lugar, rodeado de gran vegetación, árboles de todo tipo y edad como alcornoques, pinos de gran tamaño, y otras especies características, armonizan y oxigenan las caminatas de los visitantes.

Su gastronomía y productos de campo; como quesos, chacinados y dulce de leche típico, son productos recomendables para saborear y deleitarse durante el trayecto. Cerveza artesanal, licuados y budines de distintos tipos, complementan los gustos y deseos populares.

Muebles de herrería artística, macetas rústicas, plantas exóticas y objetos de decoración para parques y jardines, atraen la atención de los allegados y visten armoniosamente el evento.

Entre medio de los puestos, y en el centro del predio, un escenario complementa esta fiesta de campo que no olvida su música. Grupos como “Los charros” y otras bandas de rock y cumbia, contribuyen a alegrar el espíritu de los lugareños, compartido a su vez por miles de personas de otros pueblos aledaños, que reciben con gratitud este  encuentro.

Atardece, hileras de autos estacionados junto a los stands dejan ver su marca imborrable. Las horas pasan pero allí no se cuentan. La gente se acomoda en las lonas, con equipos de mate y algo “rico” para compartir; dispuesta a disfrutar una vez más de esta costumbre, bien argentina.