El Bar Británico se encuentra en el barrio de San Telmo, en la ciudad de Buenos Aires, en la esquina de las calles Defensa y Brasil, frente al parque Lezama.

Obtiene su nombre en 1928 gracias a los trabajadores del Ferrocarril del Sud (actual tren Roca), en su mayoría ingleses, que se juntaban a tomar algo o a comer al salir del trabajo. Anteriormente era conocido como ‘Pulpería La Cosechera’. Durante la última dictadura militar, específicamente durante la guerra de Malvinas, el Británico cambió su nombre a “El Tánico” ya que no se permitía ninguna referencia al país inglés.

Con amplios ventanales antiguos, cuenta con vista al parque y a la calle Defensa. Es amplio y está bien iluminado. Tiene cocina a la vista y un menú con gran variedad de platos, desde los más tradicionales hasta algunos más elaborados. En la mañana se puede ver a los clientes desayunando un café con leche y tres medialunas, desayuno clásico del lugar.

Por sus mesas pasaron distinguidas personalidades, desde reconocidos escritores como Ernesto Sábato, quien ambientó su novela Sobre héroes y tumbas en el bar, hasta Coppola que filmó una de sus películas en el mismo. También era refugio para taxistas, ya que el bar estaba abierto las 24 horas.

Víctor vive hace 40 años en San Telmo y es cliente regular del bar, va cada vez que quiere ver al parque (Lezama) desde el sudoeste. Cuenta que una de las características que le agradan del lugar es que en el Británico están los dueños. “La atención es mucho más esmerada aquí que en frente”, dice, refiriéndose al bar El Hipopótamo que se encuentra al cruzar la calle. “Aquí el horario es flexible. Por ejemplo, si uno viene a tomar algo o a cenar a la una de la mañana, se hacen las dos, las dos y media, las tres, y se van a las tres después de que se haya ido el último cliente. En el Británico el horario de cierre lo marca el cliente. Acá siempre hay un dueño. Se hacen las cosas con más dedicación”.

“Para la gente del barrio (el bar) significa mucho, hay mucha nostalgia. Hay gente que vivió acá y viene de otros lugares porque sabe que volvió a abrir, porque es conocido mundialmente, por la gente que pasó por acá como escritores, actores, las películas que se grabaron acá. Para la gente del barrio, la que se fue, la que vive, la que se fue y regresa, a ellos les trae mucha nostalgia, y es un buen recuerdo”, cuenta Martín, uno de los mozos del lugar.

El Británico es parte de la esencia de San Telmo, del paisaje. Es “donde uno va a hacer un punto de relax mental y compartir sus problemas y soluciones con amigos y después continúa la vida. Uno no viene al bar a comer, viene a acomodar su cerebro para poder continuar. Es un momento en el día de una persona. Uno trae los aciertos o desaciertos, la alegría o la tristeza pero es el punto donde se relaja la mente y uno lo comparte con amigos o con el mozo”, en las palabras de Víctor. Es un lugar lleno de historia que le permite a uno descontarse de todo un rato antes de continuar con la rutina, mientras disfruta de un buen café.