Por primera vez en América latina el asesinato de una travesti fue condenado como un crimen de odio a la identidad de género.

Tras 12 audiencias, 30 testimonios, meses de preparación y más de dos años de investigación, ayer se conoció la sentencia por el asesinato de Diana Sacayán.

“El tribunal resuelve condenar a Gabriel David Marino a prisión perpetua por homicidio agravado por violencia de género y odio a la identidad de género”, fueron las palabras de Adolfo Calvete, Jefe del Tribunal Oral en lo Criminal N°4 (también integrado por Ivana Bloch y Julio César Baez) al finalizar la audiencia. Por primera vez en Argentina y en América latina se condenó a alguien por un crimen  de odio. Por un travesticidio.

“Estamos más que felices con este fallo. Tiene que ver con un trabajo de dos años y medio. Aunque Diana no está físicamente, está en este hecho. Quiero agradecerles a todes”, dijo Say Sacayán, hermano de Diana. “Creo que es el mejor homenaje que podemos hacerle a Diana ya todas aquellas que fueron víctimas de travesticidios y sobre las que la Justicia nunca se ha pronunciado”.

Por su parte, Mariela Labozzetta, de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) explicó que “se condenó a prisión perpetua al imputado, Marino, por un crimen agravado por odio y violencia de género. Fue un largo proceso muy intenso y movilizante, para todos y todas”.

Diana Sacayán fue una activista travesti, creadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), una ONG que lucha contra toda discriminación, enfocándose en la discriminacion hacia gente de la comunidad LGBTQIA+.

Fue responsable del proyecto de políticas no discriminatorias en las instituciones de salud del Partido de La Matanza, orientada a la inclusión de personas trans al sistema de salud. También colaboró en el armado del programa de inclusión al sistema educativo de travestis y transexuales, pueblos originarios y población carcelaria en el marco del Programa Dignidad, Trabajo y Justicia,  e impulsó la normativa para el reconocimiento por parte del Estado de las identidades de género autopercibidas, las cuales fueron los principales precedentes de la Ley Nacional de Identidad de Género.