En los últimos tiempos se puso de moda fotografiar comidas  en las redes sociales principalmente en Instagram y ahora Blackfood es tendencia en miles de usuarios “foodies”. La pasta italiana con tinta de calamar o los huevos negros de Japón son ejemplos originales y comestibles.

El principal ingrediente para que se obtenga este color en los platos es el carbón activado, que cosecha intriga y críticas. Se sabe que su origen procede del carbón vegetal, de la cáscara del coco o del bambú que se somete a altas temperaturas hasta carbonizarse, y las cenizas resultantes se procesan con vapor o aire a temperaturas similares hasta conseguir una estructura microporosa.

Los críticos señalan que este colorante alimentario no aporta nada a lo nutricional, ni tampoco contribuye a descubrir nuevos sabores o potenciar los ya existentes. En principio, el carbón activado no es dañino. De hecho es lo que se utiliza en los hospitales para contrarrestar los efectos de intoxicaciones por drogas y medicamentos o envenenamiento, porque el carbón evita que el organismo absorba los tóxicos por lo que también hay que prestar atención de todos modos si se consume algún medicamento como las pastillas anticonceptivas.

En Estados Unidos se empezó a discutir si se debería advertir sobre los efectos secundarios antes de servir comida  o bebida de color negro, por otro lados sus defensores resaltan sus propiedades “detox” ya que el carbón activado es un preparado farmacéutico que actúa contra la flatulencia.