Un perito técnico de la policía de Entre Ríos llamado Lázaro Javier Azcué, había sido convocado a declarar en el juicio contra Nahir Galarza por los fiscales del caso: Sergio Rondoni Caffa y Lisandro Beherán, para ratificar el informe que había realizado meses atrás sobre la pistola Browning .9mm, propiedad del padre policía de Nahir e identificada como el arma homicida.

Primeramente en la investigación que le fue encomendada del arma, junto con una vaina y un proyectil encontrados debajo del cuerpo de Pastorizzo el 29 de diciembre pasado en Gualeguaychú, era corroborar que la pistola funcionaba y si ese plomo y ese casquillo habían salido de la Browning. Azcué, un profesional altamente calificado con más de 1500 pericias al año, explicó la mecánica de la pistola semiautomática, lo que hace falta para que esa Browning dispare una bala, mostrando y confirmando que funcionaba correctamente.  También, las investigaciones confirmaron que la vaina y el plomo habían salido de efectivamente de esa arma.

Luego de esa afirmación, siguió con un relato que contradice y complica a Nahir, ya que si bien ella en un primer momento confesó el hecho, luego se justificó diciendo que los tiros habían sido accidentales e involuntarios. Azcué explicó como esto no pudo ser posible. Pastorizzo fue encontrado muerto junto a su moto, en una calle de tierra con dos disparos. El primero, determinó un estudio planimétrico presentado en el juicio, entró por su espalda y salió de su cuerpo sin tocar hueso para terminar su trayectoria impactando en la pared de una casa a 50 metros. Esta bala, según determinó el forense Marcelo Benetti, encargado de practicar la autopsia del cuerpo, fue la que le causó la muerte.  “Hay 50-50 de chances de que el primer disparo haya sido accidental“, dijo Azcué al tribunal, como hipotéticamente, pero la segunda bala entró de frente, con Pastorizzo en el suelo. El plomo fue encontrado del otro lado de su espalda, enterrado en el suelo a cinco centímetros de profundidad.

“El tirador se acercó no más de 50 centímetros de la víctima para el disparo, necesariamente se agachó. Si uno no está preparado para disparar, el arma se le escapa de la mano. Un disparo de esta pistola genera 50 kilos de fuerza, el tirador soporta apenas 20 kilos, se prepara mentalmente para disparar otra vez si es que lo hace. El estruendo de un primer disparo es shockeante. La posibilidad de que un segundo disparo sea accidental disminuye drásticamente.”  En este caso, en conclusión, este segundo disparo solo pudo haber sido intencional.

Otro punto elemental que fue discutido es la “preparación del arma”. El mecanismo semiautomático garantizaba que la primera vaina fuera expulsada y que una nueva munición entrara para ser disparada, pero la pistola debía estar lista para tirar. Azcué afirmó que no es común que los policías entrerrianos guarden sus pistolas con balas en recámara: “Si lo hacen, lo hacen con el seguro puesto”.  Para cargarla, se necesita tirar de la correa del arma. Ambas acciones, si es que ocurrieron, podrían ser calculadas como un signo de premeditación.

Este jueves, las audiencias volverán al tribunal de Gualeguaychú con otro punto clave en la causa: las pericias psiquiátricas a la acusada.