Hoy se aprobó la ley que modifica la actual normativa de la donación de órganos. La misma obliga a ser donante a partir de los 18 años. Para hacerlo, en vida, la persona tiene que firmar un documento que avale su decisión de ofrecer sus propios órganos.

Justina Lo Cane, una niña de 12 años que el 22 de noviembre pasado esperaba un corazón, tristemente, murió. Ese ángel que la podía salvar nunca llegó.

Padecía una cardiopatía congénita, que se le diagnosticó cuando tenía un año y medio. Su caso despertó interés nacional desde que la menor hizo una campaña (MultiplicateX7), con la que pretendía incentivar a la gente a que se inscriba como donante voluntario; mientras estaba internada esperando su última posibilidad de vida.

En julio empezó a padecer descomposturas y a principios de septiembre la internaron en la Fundación Favaloro.

Cuando Justina entró en la lista de espera para un corazón en el Incucai, le pidió a su familia motivar una campaña para concientizar sobre la importancia de la donación de órganos. Su papá, Ezequiel, la apoyó a crear la campaña “Multiplicate por Siete” que se viralizó con el hashtag #LaCampañaDeJustina.

Hoy esa ley se aprobó, todos los mayores de edad son donantes de órganos salvo que se hayan opuesto en vida. La pregunta que surge es: ¿Por qué se tardó tanto en motivar una ley tan importante para la preservación de la vida? Todos nosotros tenemos la posibilidad de ser el ángel que le salve la vida a una persona con todos sus sueños a flor de piel.