Esta cronista recorrió el evento que duró tres días y te cuenta en primera persona el “boom gamer” que llegó a Buenos Aires.

El fin de semana se realizó en el Centro Costa Salguero, la cuarta edición de la Argentina Game Show Coca Cola For Me, el festival más importante de videojuegos, entretenimiento y tecnología del país. El año pasado fue declarado como de “interés cultural” por el Ministerio de Cultura de la Nación.

La cultura gamer y geek tiene un peso cada vez más importante en el mundo y la demanda por hardware más acorde a sus necesidades es cada vez mayor. Atrás quedaron los videojuegos pixeleados, la escasa interacción con la pantalla, la incomodidad de no tenerlo en el hogar y la conformidad a sólo un estilo de juego. Hoy la tecnología es cada vez más grande y más activa, ofreciendo juegos de alta calidad en gráficos, con historias entretenidas para que el consumidor se sienta más parte del juego, la comodidad de jugar desde casa y desde cualquier dispositivo.

Hoy me encuentro en el festival que rinde tributo a los beneficios de la tecnología. La verdad, no sé muy bien qué estoy haciendo acá. No soy gamer ni entiendo mucho de tecnología, pero creo que es interesante este nuevo mundo. Son las 11:09 y soy la última en una fila de 400 metros. Pocos minutos después veo a más personas acomodándose detrás de mi y una de ellas me pregunta: “Disculpame, ¿esta es la fila para el evento de juegos? Porque yo compre la entrada anticipada” a lo que le respondo: “Sí, yo también compré anticipadamente. Pero esta es la fila general”, “Ésta burocracia no cambia más” finalizó. Son las 11:25, veo botellas de agua en las manos y abrigos colgando de los brazos, la primavera dio el presente. Quince minutos después la fila se empezó a movilizar de manera fluida. Me doy cuenta que hay muchas familias, muchos niños y adolescentes extasiados por probar las novedades del mercado. También veo a algunos bailando de la misma manera, poco después descubriría que ese baile es famoso por uno de los videojuegos presentes del evento. Me distraigo viendo a estos chicos bailar, a las familias, a mi alrededor y cuando me acuerdo, 58 minutos después de haber llegado a la fila, ya estaba por ingresar. “Si la fila me pareció entretenida, adentro debe ser una locura” pensé.

Una vez dentro, me encuentro con una recepción enorme. En ella había un stand en el medio, que proveía información y te invitaba a participar en diferentes sorteos. Luego, a mi derecha, había un dj pasando música y un hombre de estatura muy baja disfrazada del héroe de Marvel,”Thor”, que posaba y se sacaba fotos con el público, detrás de él había un cartel que promocionaba unos anteojos para “cuidar la salud de los gamers”. ¿La salud de los gamers? Claro, me había olvidado de las consecuencias de pasar tanto tiempo frente a una pantalla.

En la recepción había dos entradas: una en el medio, justamente detrás del stand informativo, y otra a su izquierda. Decido entrar por la entrada del medio, que me llamó más su atención por un mural con personajes conocidos de muchos videojuegos. Ingreso y veo que ese mural pertenecía al stand gigante de Nintendo Switch, una consola pequeña y desmontable presentándose por primera vez en nuestro país, y su fila era inmensa. Doy una vuelta alrededor del stand y veo muchos juegos nuevos y muchos vintage como los de Mario Bross o La Legenda de Zelda, y entre tanta evolución tecnológica, me genera un poco de nostalgia. Me sorprendo al ver a tantos niños y niñas jugándolos.

Sigo mi camino y me encuentro con muchos puestos gastronómicos y de merchandising y muchas personas disfrazadas por el desfile de cosplay que se iba a realizar. Cosplay refiere al Costume Play, una moda representativa en donde sus los participantes denominados cosplayers usan disfraces y accesorios que representan a un personaje específico o una idea.

Me cruzo con Federico, un adolescente que llamó mi atención por vestir una túnica marrón y una vela encima de una calavera. Le pregunté cuánto tiempo le llevó realizar su disfraz y cuánto le costó: “Tardé dos semanas en hacer el disfraz, gasté muy poco, tenía casi todo en casa”.

Entre las 12:47 y las 13:40 me dediqué a hacer filas para jugar a dos juegos: Assassin’s Creed Oddysey, un juego de Playstation 4 que curiosamente su stand no se encontraba en el evento, y luego fui al stand de Xbox que me llamó la atención en cuanto llegué por su gran espacio y las luces de neón verde que lo acompañaban. Allí había varios videojuegos y por azar jugué a Forza, un juego de carreras de autos. Cuando me estaba yendo de ese stand, me regalaron un llavero y un cupón con un descuento de $700 para juegos de Xbox en Compumundo.

Llego a la “Arena Geforce” una pirámide de 100 estaciones que cuenta con 80 computadoras de Nvidia y 20 Playstation 4 para jugar una gran batalla. Veo concentración en los jugadores y desesperación en los que no están sentados en una de esas máquinas: todos quieren entrar a jugar. Las 100 estaciones quedan cortas para tantas personas y caigo en una realidad que está pasando frente a nuestros ojos: el “boom” gamer.

Avanzo y tropiezo con el stand de HyperX, que es la elección de los gamers: desarrolla productos de módulos de memorias, unidades de estado sólido, memorias flash USB, auriculares y pads para “mouse” de gran calidad y de una bella estética con luces de neón. Caigo en otra realidad: el auge de lo vintage y lo retro en la actualidad. Primero los juegos del clásico Mario Bross y La Leyenda de Zelda, ahora las luces de neón.

Giro mi cabeza para arrancar a otro lado y veo CPU “transparentes” que contenían por dentro luces de neón, memoria RAM y hasta un líquido que no estoy muy segura de qué es. Si los productos gaming de neón de HyperX me habían sorprendido, esto me dejó muda. Mientras me quedo mirando perpleja esas monstrosidades, escucho cómo niños de máximo 12 años hablaban entre ellos sobre éstas máquinas y lo que contenían y “la voy a pedir para navidad”,  “uh, mira esto”, “ésta es la que yo te decía que quiero”.

Doy vueltas y encuentro en el medio del evento un auto, un Lamborighini Diablo para ser más exacta, que representaba al Asphalt 9: Legends, otro videojuego de carreras. Lo miré y no le encontré sentido al literalismo. Me fui. Caminar se vuelve cada vez más complicado, hay muchísima gente y cada stand, sobre todo los que te permiten probar algún juego, están repletos.

Son las 14:55 y yo ya estaba ebria de tanto neón. Me acerco al escenario principal, donde había mucho barullo por los torneos que se realizarían de cosplay y de bailes de los juegos del momento: Fortnite y Just Dance. Habían 4 niños entre 6 a 11 años haciendo una competencia de baile donde el conductor le pedía al público que “gritara” por el mejor y “griten más fuerte que esto es una competencia, no griten a todos lo mismo”. La multitud me dio calor, así que me fui al exterior del evento.

Afuera había puestos de comida, una carpa donde había otra competencia de baile para niños y un escenario donde había un dj haciendo algún show.

Se hicieron las 15:30 y entre tanto menjunje de neón, competencias, gastronomía, gente disfrazada, capitalismo y muchísima, pero muchísima tecnología, decidí irme. Mientras me dirigía a la salida, encontré un puesto de Funko Pop!, que venden juguetes de cultura popular que se destacan por tener una cabeza enorme en contraste con su cuerpo y le da un toque de humor, y me compré un “Pop!” de Wonder Woman. Son las 15:58 y  estoy afuera. Pero con un muñeco que nada tiene que ver con la tecnología que exhibían. O quizás si.