Las películas de la década del 80 se quedaron cortas a la hora de fantasear con el futuro de la humanidad. En Volver al Futuro veíamos que la vida cotidiana iba a estar signada por patinetas voladoras y zapatillas que se atan solas. Hoy éstos nos parecen avances ridículos al lado de un supermercado en el que entrás, agarrás lo que estás buscando y te vas. Sí, eso es Amazon Go, el minimercado de 170 metros cuadrados atiborrado de góndolas con alimentos que queda en Seattle.

El local solo permite el acceso a las personas que tengan la aplicación del negocio descargada en su teléfono, pero una vez adentro el consumidor simplemente elige lo que va a llevar, toma el producto y sale del lugar sin detenerse a sacar la tarjeta de crédito de la billetera: el importe de lo que se lleva es debitado automáticamente de su cuenta de Amazon.

¿Cómo funciona?

Cada vez que un cliente agarra un producto de la góndola, ese artículo se agrega automáticamente al carrito de compras de su cuenta online. Si el cliente lo devuelve a su estante, Amazon lo elimina del canasto virtual. Esto es posible gracias a cientos de pequeñas cámaras distribuidas por todo el negocio, cada centímetro está cubierto desde diferentes ángulos, por lo que no hay ningún punto ciego. Además suma sensores de peso en los estantes y un sistema que detecta la entrada de cada cliente que -según el aspecto de la ropa y por donde se mueva- lo asocia a su cuenta.

Como no hay cajeros, algunas cuestiones vinculadas a cumplir con la legislación vigente tuvieron que ser resueltas colocando empleados en lugares donde antes no los encontrábamos. Por ejemplo, en el sector de las bebidas alcohólicas hay un responsable que verifica la edad del comprador antes de que agarre las botellas del estante.

Amazon no quiere revelar detalles sobre el funcionamiento del sistema y se limita a decir que combina una sofisticada visión computarizada con un software de aprendizaje de la máquina. Es decir que la tecnología de Amazon es capaz de ver e identificar cada uno de los artículos del negocio sin necesidad de tener que adherirle un chip especial.

La primer controversia que surge con esta modalidad comercial es si esta tecnología (más otras que pudieran sumarse como Chloe, la máquina que ordena, entrega y coloca los productos de una de las sucursales de Best Buy en Nueva York desde 2015) podría poner en riesgo los puestos de trabajo de cajeros y repositores. Al respecto Amazon asegura que simplemente cambiará el papel que tienen los empleados. Es la misma explicación que usa para hablar del impacto de la automatización en sus galpones de almacenamiento: “Simplemente asignamos personal a tareas diferentes, donde, de acuerdo con nuestro entender, puede sumar algo positivo a la experiencia de comprar”, dice Gianna Puerini – VP de Amazon Go.

Robos y hackeos, las dos mayores amenazas

Por el momento no se han reportado cantidad de fallas en el sistema y de hecho la aplicación no dispone de un espacio en el que se pueda reclamar una equivocación en el ticket. Desde la apertura de la tienda el pasado lunes 22 de enero los clientes no paran de acercarse a ser parte de la novedad y, si bien la promesa es no hacer cola para pagar, las personas están haciendo extensas filas para entrar.

Como es de esperar uno se pregunta si se puede engañar al sistema y llevarse un sándwich gratis, pero aparentemente no sería tan fácil. Por ejemplo, si de alguna forma alguien consiguiese tapar una cámara (o varias), el sistema es capaz de seguir funcionando, según ha indicado Amazon. De todas formas, y según declaraciones de los responsables del lugar, “La mayoría de las personas no son ladrones de tiendas y el sistema está diseñado para la mayoría de las personas.”

Hay algunos aspectos de seguridad que, a pesar de todo, siguen preocupando. Si bien la identificación es por el escaneo del móvil al entrar -y no por reconocimiento facial- ¿qué pasaría si alguien te roba el celular y entra a comprar con tu cuenta de Amazon? De momento puede que no sea tan alarmante porque los ítems que se pueden comprar son de escaso valor, pero el día que comiencen a vender productos que no sean un simple sándwich habrá que revisar el sistema.